Julio 2024

Las iglesias en manos de dos maestros de la arquitectura moderna

por Ing. Mario Minervino - @mrminervino1

Los dos fueron protagonistas indiscutidos de la arquitectura del siglo XX, referentes inevitables del llamado Movimiento Moderno que modificó para siempre la manera de pensar los espacios.

La referencia es al suizo francés Charles-Édouard Jeanneret-Gris (1887-1965), que realizó su carrera profesional con el seudónimo de Le Corbusier, y al norteamericano Frank Lloyd Wright (1867-1959). Ninguno de los dos era arquitecto diplomado y cada uno marcó un camino, muy diferentes entre sí, aunque en comunión con la búsqueda de un lenguaje adecuado a su época.

Le Corbusier desarrolló una obra que se encuadra dentro del Racionalismo, mientras Wright definió a la suya como parte de un pensamiento orgánico. La villa Savoye (1928-1931), ubicada en Poissy, Francia, y la Casa de la Cascada (1936-1939), en Pensilvania, Estados Unidos, son generalmente los edificios que se toman como síntesis del pensamiento de cada uno.

Esta nota rescata los trabajos de estos profesionales en una tipología por demás especial, como es la de las iglesias, donde ambos tuvieron posibilidad de generar obras completamente novedosas. En el caso de Le Corbusier, con la particularidad de que esos diseños religiosos se alejan en gran medida de sus conceptos puristas para acercarse más a lo escultórico y expresivo, mientras que en el caso de Wright se mantiene más fiel a su estilo aunque generando algo completamente novedoso y distintivo.

Sinagoga Beth Sholom: un prisma de manos divinas

Este lugar de culto del judaísmo es un diseño de Frank Lloyd Wright realizado en Filadelfia, Estados Unidos, “con un enfoque contemporáneo de la fe, la historia y la práctica religiosa judía”.

El autor tenía 87 años cuando en 1953 recibió este encargo, que resolvió evocando una imagen de manos ahuecadas, como si los feligreses estuvieran “descansando en las manos de Dios”. Curiosamente, el autor no pudo ver la obra terminada, ya que fue habilitada en septiembre de 1959, cinco meses después de su fallecimiento.

La estructura principal está suspendida de un marco de trípode de acero y crea un espacio para 1030 asientos, libre de soportes internos. Un techo piramidal translúcido, compuesto por una doble capa de vidrio blanco lijado y fibra de vidrio corrugada, infunde una luz natural etérea durante el día y brilla como un faro durante la noche.

El edificio tiene inspiración en la civilización Maya y está lleno de simbolismo. Su perfil angular parecido a una montaña y las rampas que conducen al lugar sugieren el ascenso al Monte Sinaí, el lugar donde Moisés recibió de Dios la tabla con los diez mandamientos.

Las tres crestas del techo muestran representaciones abstractas de menorá (un candelabro) de siete brazos, mientras que el dosel de la entrada simboliza las manos de un rabino unidas para la bendición. En el interior, un monolito de hormigón de doce metros de altura representa las tablas de piedra dadas a Moisés y sirve como telón para el arca de madera que contiene los rollos de la Torá.

Un prisma terminado por un discípulo

En la década del 50 Le Corbusier recibió varios encargos edilicios de Eugène Claudius-Petit, alcalde de Firminy, Francia, entre los cuales se incluía una iglesia. Los primeros bocetos fueron realizados en 1961, basados en un diseño del arquitecto para una iglesia en Tremblay. Le Corbusier falleció en 1965 sin que se hubiese iniciado la obra, aunque dejó una completa documentación.

El arquitecto José Oubrerie (1932-2024), que trabajó en el estudio de Le Corbusier, fue el encargado de llevar la obra a la realidad, cuya piedra inicial se colocó en 1970.

“Le Corbusier colocó sobre mi tablero la idea de la iglesia; dos dibujos, una sección y una planta realizados a colores sobre un papel blanco ligero y cuatro dibujos sobre papel de 21 x 27 cm copiados de los originales de Stonehenge, y por último, un boceto de la luz interior de Santa Sofía. Esta era la base sobre la cual debía trabajar, las grandes cosas que yo debía estudiar para ‘acercarme’ al problema”, comentó Oubrerie.

Las obras comenzaron en 1973 y se paralizaron por falta de fondos en 1978. Casi en estado de ruina, se retomaron en 2003, siendo bendecida tres años después. Durante la realización hubo que actualizar y modificar el proyecto en respuesta a distintas circunstancias.

El edificio tiene una planta cuadrada y alzado cónico, soportado por 12 pilares (tres por lado). La fachada está compuesta por una base de apariencia ligera, cerrada con grandes paños de vidrio sobre la que se eleva el cuerpo cónico construido con una losa de hormigón armado de 22 cm de espesor.

En la fachada este aparecen pequeñas perforaciones que generan un juego de luz en el interior, simulando ser constelaciones de estrellas. El volumen cónico dispone de lucernarios en su remate y alberga el campanario.

Iglesia Ortodoxa Griega de la Anunciación: la presencia de Santa Sophia

Otro diseño religioso que Wright no llegó a ver más allá de los papeles. El arquitecto la diseñó en 1956 en Wauwatosa, Wisconsin, Estados Unidos, y definió a su propuesta como “una pequeña Santa Sofía” —en referencia a la iglesia de Estambul— caracterizada por los símbolos de la fe ortodoxa griega (una cruz griega inscrita en un círculo), con una marcada desviación de la arquitectura tradicional bizantina.

Cuatro pilares de hormigón equidistantes sostienen el techo abovedado y definen una cruz en el piso principal. El santuario circular ininterrumpido crea un interior espacioso e íntimo.

La cúpula de 32 metros flota sobre cientos de rodamientos contenidos en un riel de acero que cubre la pared exterior. El aluminio anodizado dorado utilizado en todo el edificio era un material novedoso. El exterior de azulejos azules —original de la cúpula— ha sido reemplazado por una resina plástica sintética debido a problemas estructurales.

El espacio inferior tiene capacidad para 240 feligreses. Escaleras circulares conducen a otros 560 asientos adicionales en la parte alta. El santuario no tiene soportes interiores que obstaculicen la vista y nadie se sienta a más de 18 metros de la sacristía. La iglesia se comenzó a construir en 1959 y quedó terminada en 1961.

Ronchamp, ese lugar

En la comuna de Ronchamp, al sureste de Paris, se encuentra uno de los proyectos más inusuales de Le Corbusier: La Iglesia Notre Dame du Ronchamp, cuyo encargo data de 1950, luego de que la capilla original fuera destruida en la Segunda Guerra Mundial.

Ronchamp fue por años un lugar de peregrinación, ubicado en un terreno boscoso, sobre la cima de una colina, como en un pedestal.

Le Corbusier reinventa el espacio sagrado y trabaja el edificio como un objeto escultórico, lejos del manejo racional de sus obras, generando un volumen orgánico de paredes blancas. Pequeñas ventanas de color permiten un impactante ingreso de la luz, dotando de vida y simbolismo al interior.

Los muros le dan el carácter escultórico a la obra. Las paredes gruesas y de suave curvatura son de hormigón y mampostería. Un sistema constructivo simple aprovecha ese diseño estética y funcionalmente: las paredes actúan como amplificadores acústicos, proyectando el sonido.

Otro aspecto llamativo de la Iglesia es su techo curvo, que parece flotar sobre el edificio, apoyándose en columnas incrustadas en los muros, creando una brecha de 10 cm entre el techo y las paredes, la cual ayuda a la iluminación natural del espacio.

Las ventanas que perforan los muros son profundas y con un ángulo que permite que la luz entre de forma directa. Cada ventana ilumina de forma distinta debido a su tamaño, posición y color del vidrio.

Una capilla en un cementerio

Para honrar a su esposo, el médico William Pettit, su viuda, Emma, encargó a Frank Lloyd Wright la llamada Capilla Pettit, que resultó uno de los primeros ejemplos del estilo Prairie del arquitecto.

Su planta cruciforme termina en pórticos laterales, rematados por un techo bajo a cuatro aguas y amplios aleros. Bandas de ventanas de vidrio artístico y una chimenea central dominan el interior. Terminada en 1907, se encuentra junto a la tumba de Pettit, en el cementerio Belvidere de Illinois. Elevada sobre el nivel del suelo, se accede a la capilla a través de una escalera ubicada en la parte delantera o un conjunto de escaleras en ángulo que flanquean la sala de reuniones en la parte trasera.


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