“La rosa es sin porqué,
florece porque florece,
no tiene preocupación por sí misma,
no desea ser vista”.
Angelus Silesius, 1653
“Dios está en los detalles” es una frase que en el mundo de la arquitectura popularizó el arquitecto alemán Ludwig Mies van de Rohe, aunque la misma es atribuida al escritor Gustave Flaubert quien la utilizó al referirse al arte del Renacimiento italiano. La expresión original especificaba que “el buen Dios” se escondía detrás de cada particularidad (en francés: “Le Bon Dieu est dans le détail”).
Algo de eso hay en la obra de Juan Eduardo Ernesto Luoni (1890-1950), uno de los más prolíficos de nuestra ciudad durante la primera mitad del siglo XX.
Hasta hoy, incluso sabiendo que decenas de sus obras han sido demolidas, es posible encontrar su firma en una amplia y variada cantidad
de fachadas.
No resulta sencillo definir su estilo, que oscila entre propuestas vinculadas a los postulados de la Escuela de Bellas Artes de París, con frentes simétricos, motivos ornamentales y referencias a estilos historicistas, con tendencia al eclecticismo, así como el uso de balaustradas, pilastras, bajorrelieves, esculturas, guirnaldas, cartuchos y cornisas de apoyo.
Pero también sumó a su obra otras propuestas al incorporar elementos decorativos propios del Art Nouveau o toques geométricos del Art Decó.
Es precisamente esa variedad decorativa de los frentes de sus viviendas el que obliga a analizarlos de manera detenida, apreciando cada detalle. Se trata de fachadas que, además, constituyen un valioso aporte a un paisaje urbano que data de las décadas de 1930 y 1940, caracterizado por su terminación símil piedra y por la participación de varios de los talentosos constructores de la época, como Tanera, Ascolani, Servidio y Martorelli, Maronna y Greco, entre otros.
Un detalle singular de esa decoración es la presencia de flores, ornamento propio del Art Nouveau. En particular, se puede observar el uso de la rosa, que aparece aplicada en diferentes lugares, con mayor presencia en los soportes de los balcones, rodeada a veces de triglifos y otros elementos propios de la arquitectura clásica.
Sin embargo y a pesar de su vastísima obra, que tiene además modelos en distintas localidades de la región, hay un importante desconocimiento sobre la vida personal de Luoni.
Sus descendientes, que todavía viven en Bahía Blanca, mencionan que había nacido en Italia y que se radicó en nuestra ciudad en 1920.
La firma en las fachadas, “Juan E. Luoni”, suele aparecer acompañada por la mención de su profesión, formación que habría recibido en la Universidad de Buenos Aires. De acuerdo con guías de la época, su vivienda familiar y estudio estaban en la calle Roca 119, donde residió hasta su fallecimiento, ocurrido el 8 de septiembre de 1950, a los 60 años.
Como a todos los artistas le corresponde esa particular posibilidad de sobrevivir a través de su obra. Una parte de su vida seguramente está allí, en el estilo, en cada uno de los balcones, en las artesanales terminaciones y, claramente, en ese particular detalle de las rosas.
Nueve de las viviendas proyectadas por Luoni están inventariadas como bienes patrimoniales arquitectónicos de Bahía Blanca, reconocidas por su valor artístico y paisajístico. Estas se ubican en Brown 925, Av. Colón 312, O’Higgins 412, Berutti 11, Avenida Colón y Berutti, Ex Mercado Rocca de Ingeniero White, Avenida Colón 320 y Soler 44.
Cada una presenta un repertorio de elementos; resultan especialmente merecedoras de atención las puertas y la rejería, así como la calidad de la mano de obra, responsable de que estas propuestas alcanzaran un nivel de terminación hoy casi imposible de lograr.