Junio 2023

La disciplina que mueve al mundo y beneficia a la humanidad

La palabra ingeniería significa "estudio y aplicación de tecnología". Se forma sobre la palabra "ingenio", del latín ingenium ("engendrar, producir").

Desde 1895, cada seis de junio se celebra en nuestro país el Día de la Ingeniería, una de las formaciones académicas que más campos abarca y que atiende cuestiones tan diversas, ya que se menciona que existen en el mundo al menos 400 especialidades.

La Real Academia Española define a esta disciplina, más allá de su especificidad, como “el conjunto de conocimientos y técnicas científicas y empíricas aplicadas a la invención, el diseño, el desarrollo, la construcción y el perfeccionamiento de tecnologías, estructuras, máquinas, herramientas, sistemas y procesos para la resolución de problemas prácticos”.

La ingeniería es un campo de estudio que consiste en la aplicación de los conocimientos científicos a la solución de los problemas y retos que enfrenta la humanidad.

De allí que ser ingeniero signifique “tener los conocimientos adquiridos para ejercer la ingeniería”. Curiosamente, primero existió la palabra “ingeniero”, cuya labor luego se definió como “un trabajo de ingeniería”.

Ingeniero era aquella persona que tenía la capacidad de inventiva y práctica para construir, en principio, máquinas militares. Toda maquinaria para la guerra se denominaba “engine”, que deriva del latín, ingenium, que indica una “cualidad innata, mental, para generar una invención”. De allí que la ingeniería prepara profesionales capaces de, a partir de su ingenio, dar respuesta a cientos de problemas o necesidades que va teniendo la humanidad.

Una célula que se divide en dos

Los primeros ingenieros fueron militares, dedicados a la fabricación de armas cada vez más prácticas y poderosas. La Biblia ya los menciona en Crónicas 26:15: “E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras”.

Luego, se agregó a la ingeniería el carácter civil, para distinguir a quienes tenían conocimientos relacionados con obras destinadas a cuestiones urbanas, desde caminos, pasando por acueductos, puentes y edificios.

El egipcio Imhotep, que vivió unos 2.650 años antes de Cristo, señalado como “el primer arquitecto de la humanidad”, se acercó mucho más a la práctica de la ingeniería, si se considera que fue inventor y matemático y que diseñó la primera tumba de un diseño revolucionario como fue la pirámide de Saqqara, la primera de grandes dimensiones erigida en Egipto.

El Imperio romano, que se consolidó por su enorme poder militar, dejó también un legado ingenieril en cada territorio conquistado, virtualmente toda Europa, Asia Menor y norte de África, con el diseño de caminos, acueductos, puentes, coliseos y un templo como el panteón.

El siglo XIX, finalmente, la ingeniería aparece como responsable de abrir el mundo de la revolución industrial con la creación de la máquina de vapor que cambió para siempre el funcionamiento de la humanidad. Incluso los primeros complejos industriales —almacenes, silos, depósitos, usinas, estaciones ferroviarias— realizados por ingenieros se introdujeron en el mundo de la arquitectura, generando un lenguaje que marcaría el camino de los grandes maestros de la arquitectura moderna.

Los 12 apóstoles

Con la irrupción de los ingenieros civiles se consolidó la ingeniería. Por eso no es de extrañar que el 6 de junio fuera la fecha elegida en nuestro país para celebrar a la disciplina. Ese día de 1870 obtuvo su diploma Luis Augusto Huergo, el primer ingeniero civil formado en una universidad nacional, la Universidad de Buenos Aires (UBA), luego de haber aprobado, a mediados de mayo de aquel año, su tesis final titulada “Vías de comunicación”.

Habían transcurrido cinco años de la creación de la carrera en el Departamento de Ciencias Exactas, organizada en un curso de dos años de Matemáticas Elementales, uno de Física Experimental y luego un programa de 18 materias.

Aquella primera promoción estuvo compuesta por 12 alumnos a los que se bautizó “Los 12 apóstoles de la ingeniería”. Los míticos apóstoles fueron los siguientes: Valentín Balbín, Santiago Brian, Adolfo Buttner, Jorge Coquet, Luis Augusto Huergo, Francisco Lavalle, Carlos Olivera, Matías Sánchez, Luis Silveyra, Zacarías Tapia, Guillermo Villanueva y Guillermo White.

Lo particular de estos profesionales fue que su primer gran aporte fue contribuir de manera decisiva para poner freno a las epidemias de cólera y fiebre amarilla que sufría la ciudad de Buenos Aires, originadas en gran parte por las inadecuadas condiciones sanitarias derivadas de un mal servicio de agua potable, la falta de redes cloacales y de desagües pluviales.

Por eso, la mayoría de sus tesis apuntaron a mejorar las condiciones de habitabilidad. Balbín y Silveyra trabajaron sobre el servicio de Aguas Corrientes, con un estudio de las obras existentes, la carencia de cloacas y la necesidad de una adecuada potabilización del agua.

White colaboró con Coghlan en el diseño de las obras de provisión de agua, y Huergo estudió el problema de las inundaciones del Riachuelo e incluyó el problema sanitario en la discusión en torno a la construcción del puerto de Buenos Aires.

Guillermo Villanueva presidió la Comisión de Obras Sanitarias entre 1891 y 1911, cuando se extendió el suministro de agua, se concluyeron las obras cloacales y se trazaron los pluviales. Con esto se redujo la mortalidad de 30 a 15 por mil fallecidos, y las infecciones desaparecieron casi por completo.

Otro de los “apóstoles”, Francisco Lavalle, obtuvo el contrato para la clarificación de agua, dirigió la construcción de la cloaca máxima de Buenos Aires y proyectó las obras de saneamiento de Córdoba que redujeron a un tercio la mortalidad general.

Destacados por doquier

Otra particularidad de este puñado de ingenieros es que la mayoría desarrolló carreras destacadas. Balbín se doctoró en matemática en Oxford y fue el encargado de implementar el sistema métrico decimal en nuestro país. Brian fue director del Ferrocarril del Oeste, Buttner se recibió de arquitecto en Alemania y fue uno de los fundadores de la Sociedad Argentina de Arquitectura. Coquet se hizo popular por señalizar todos los caminos de la provincia, Sylveira fue decano de la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas de la UBA, Villanueva fue ministro de Guerra y Marina de la Nación durante la presidencia de José E. Uriburu e impulsor de la construcción del puerto Militar en Punta Alta. White fue la máxima autoridad del Ferrocarril del Sud y Huergo el autor del proyecto del Puerto Nuevo de Buenos Aires y del frigorífico Sansinena en nuestra ciudad.

La formación en las universidades locales

La creación del Instituto Tecnológico del Sur en 1948, base de la Universidad Nacional del Sur (UNS), fundada en 1956, basó su propuesta académica en carreras de ingeniería, convencidos sus hacedores de que era la formación adecuada y necesaria para la región.

Hoy la UNS ofrece diez carreras de ingeniería y, si bien ha ampliado y diversificado su oferta con otras disciplinas, cerca del 20 % de los inscriptos cada año lo hacen en alguna ingeniería.

A esto se suma el aporte de la Facultad Regional Bahía Blanca de la Universidad Tecnológica Nacional —creada sobre la base de la denominada Universidad Obrera—, con otras cuatro carreras de grado de ingeniería.

A pesar de eso, los estudiosos aseguran que en el país faltan ingenieros. “Argentina tiene un ingeniero cada 6.000 habitantes y debería triplicar esa cifra. China tiene uno cada 2.000", señalan desde la Universidad Tecnológica Nacional, que en sus 30 facultades regionales formó el 50 % de los 100.000 ingenieros del país.

Final

La ingeniería es una disciplina que está detrás de todo lo que sucede en el mundo. Si bien aquella división en militar y civil se ha ampliado de manera sustancial —hoy podemos mencionar la ingeniería ambiental, naval, mecánica, aeroespacial, en petróleo, electrónica, biónica, geofísica, biomédica, en alimentos, etc.— a todas las hermana una formación que apunta a la aplicación de principios matemáticos y científicos para resolver problemas, formando profesionales para que investiguen, inventen y perfeccionen procesos en una amplia gama de campos.

No hay nada alrededor de uno que no sea generado en el campo de la ingeniería. Es una preparación que, además, tiene su arte por la capacidad imaginativa y creativa que conlleva.

Eso es entonces lo que se celebra cada 6 de junio. Esta formación académica que desde el origen de los tiempos y hasta el presente empuja al mundo hacia su máximo desarrollo, a crear lo que aún no existe, a hacer posible lo imposible, a generar el mayor bienestar a la humanidad.


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