Junio 2023

Ganvié: el pueblo acuático africano ideado para salvarse de la esclavitud

por Ing. Mario Minervino - @mrminervino1

“Para los negros de Benín, el infierno estaba en el mar: desde el mar arribaban a Benín los navíos de los negreros”. Dictionnaire de la Conversation et de la lectura, 1873

Lejos del romanticismo, el encanto y la magia con que lo presentan varios sitios turísticos —mencionada como “La Venecia africana”—, la ciudad acuática de Ganvié, en África, es el resultado de una singular estrategia de los Tofinu para escapar del penoso comercio de esclavos desarrollado a lo largo del siglo XVII.

Situada al sur de la República de Benín, es además el pueblo flotante más grande de África, lo cual no modifica demasiado el hecho de ser un sitio más bien desconocido.

Se trata de una ciudad ubicada dentro del lago Nokoué y ocupada por miles de palafitos de madera dispuestos en islas artificiales, cuya materialización data del siglo XVII.

A Ganvié se suman los vecinos poblados de So-Tchanhoué, So-Zouko y So-Ava, para formar un conjunto de tres mil viviendas, todas construidas con bambú y asentadas sobre pilotes de madera que se hunden en el fango. Una foto aérea de la ciudad se asemeja a las que a veces se puede ver cuando se verifican inundaciones de la provincia de Buenos Aires.

Diccionario

Benín: antigua colonia francesa. Tiene 13,5 millones de habitantes y su lengua oficial es el francés. Fue centro de trata de esclavos en el siglo XVIII.

Lago Nokoué: tiene 20 km de ancho y 11 de largo. Es un pilar de la economía de Benín.

Ouidah: ciudad en la costa atlántica de Benín, fundada por Portugal en 1580. Ingleses, franceses y daneses se instalaron en el lugar para traficar esclavos.

Tofinou: nombre de la población de África occidental, asentada principalmente en Benín.

A salvo

El origen y el emplazamiento de Ganvié tienen un origen trágico, ya que forman parte de una de las páginas más escabrosas de la historia de la humanidad: el tráfico de esclavos.

El trazado urbano en el agua y la arquitectura resultante son parte de la estrategia de la tribu Tofinu, quienes construyeron este refugio para evitar ser secuestrados por otras tribus involucradas en el comercio de esclavos y que los perseguían. Esas tribus cazadoras tenían una creencia religiosa que les prohibía atacar a las personas en el agua, por ser para ellos un elemento de naturaleza sagrada. Viviendo en una laguna, los habitantes se tornaron intocables.

El comienzo

Ganvié fue fundado por los integrantes de la tribu Tofinu, población africana famosa por su habilidad para la pesca, al punto que eran conocidos como “hombres del agua”. Durante años vivieron en paz en la costa de Benín, hasta que en el siglo XVII la fuerte acción de distintos países por capturarlos para venderlos como esclavos los llevó a instalarse dentro del lago Nokoué y así evitar ser capturados.

Para sobrevivir en medio de un lago, respetaron el ecosistema, construyeron sus viviendas sobre pilotes e implementaron la acuicultura. Al nuevo pueblo lo llamaron Ganvié, que significa “Sobrevivimos”.

Hoy el pueblo es habitado por unas 30.000 personas que viven en más de 3.000 edificios.

Las casas residenciales emplean pilotes de madera, mientras que los edificios públicos los usan de hormigón y bloques de arenisca. Los de las viviendas están hechos con madera de ébano rojo, que es resistente a la intemperie, mientras que las paredes se construyen con bambú y hojas de palma. Los techos son de paja o, más recientemente, de metal corrugado.

Estas estructuras tienen una vida útil de hasta 20 años, pues son materiales que se descomponen sin tener un impacto negativo en el ecosistema acuático.

Los edificios ocupan pequeñas islas artificiales realizadas con tierra traída del continente, aprovechando que el lago tiene entre uno y dos metros de profundidad. Estas islas funcionan como patios urbanos, mientras que existen grandes calles de agua que permiten el movimiento en canoa por todo el pueblo.

A lo largo del tiempo se ha sostenido un sistema acuícola —actividades de crianza de especies acuáticas, vegetales y animales— y poco a poco ha incorporado la actividad turística, luego de ser reconocida, en 1996, como patrimonio cultural por la UNESCO.

Sin embargo, el turismo no ha sido del todo favorable, ya que ha impactado en ese ambiente acuático, al tiempo que la construcción tradicional va dando paso a otras más modernas.

La ecología bien entendida

Como pescadores expertos, la tribu Tofinu mantuvo una cuidada relación con el agua. El área de las viviendas está rodeada de potreros de peces y arrecifes artificiales que ayudan a mantener la vida acuática. La ciudad representa un sistema innovador, donde los manglares —una formación vegetal leñosa— se anclan en el lecho del lago, rodeados de cañas de bambú que forman jaulas. Allí se descomponen creando plancton, mientras que la madera actúa como catalizador para el crecimiento de algas, atrayendo así a los peces.

Estos potreros rompen las corrientes del océano Atlántico, con lo cual logran generar calles de agua para albergar varios barcos, lo que permite el transporte y el comercio en canoas.

Si bien el pueblo ha prosperado durante siglos, hoy enfrenta nuevos desafíos, principalmente la falta de sistemas adecuados para la gestión de desechos.

Ganvié es un lugar único, colorido y ecológico. Que nació sacando rédito de creencias religiosas para salvarse de la esclavitud y que hoy es un modelo de ciudad sostenible en el agua, en un mundo preocupado por buscar respuestas al constante aumento del nivel de las aguas.

El terrible camino al Puerto del adiós

Ouidah, en Benín, fue uno de los más importantes puertos de embarque de los africanos capturados, al punto de nombrarse ese sector como “la costa de los esclavos”. Se estima que de allí partió poco más del 50 % de los cautivos arrebatados de esa región, cerca de un millón de hombres y mujeres.

Con el tiempo, los europeos se encargaron de borrar todos los rastros de ese comercio negrero. Pero Benín se ocupó de recrear la denominada “Ruta de los esclavos”, organizada en siete estaciones que grafican los pasos finales de los cautivos antes de que los cargaran en los buques negreros. Un recorrido de 3,5 kilómetros entre el museo y la “Puerta de no retorno”.

El museo funciona en el fuerte construido por los portugueses en 1721 para encarcelar a los esclavos que llegaban luego de caminar noches y noches para desorientarlos.

Desde ese fuerte eran llevados a Place Chacha, en el centro de la ciudad, donde debajo de un árbol que todavía existe los comerciantes los inspeccionaban y subastaban. Una estatua indica el lugar exacto de ese mercado.

Cuando emprendían la caminata final hacia los barcos, se los obligaba a dar unas vueltas alrededor de un árbol conocido como el “árbol del olvido”, con la idea de que así olvidarían su identidad y su cultura. Una estatua se erige en ese lugar.

“Las habitaciones de la oscuridad” es otra de las paradas. Allí se los mantenía en oscuridad total, hasta que el barco estuviera listo. Se les daba pan y agua una vez al día para quitarles su naturaleza rebelde y que perdieran sentido del tiempo. Al abrirse las puertas, los muertos y moribundos eran arrojados a un pozo. Ese cementerio está marcado con un monumento, donde el marrón representa a los esclavos, el rojo a su sangre y el negro a sus cadenas.

El “árbol del retorno” es otra referencia que sigue existiendo. Los esclavos trataban de caminar a su alrededor para asegurarse que su alma regresaría a su tierra natal.

Por último, en la playa está en “La puerta sin retorno”. El lugar desde donde los conducían hasta los barcos y que sabían que nunca volverían.

Una propuesta de estos tiempos: el Pueblo globo

El estudio de arquitectura SN Sajjad Navidi proyectó para Ganvié una “Innovación relacionada con el aumento del nivel del mar”. La misma está inspirada en la condición biomimética del pez globo, la cual le permite enfrentar distintos riesgos incorporando agua o aire.

Se trata de un conjunto de casas inteligentes con la forma tipológica de los palafitos y que recurre al agua o al aire para enfrentar situaciones donde pueden dañarlas. La forma de cada casa está inspirada en los anillos de arena que ese pez construye bajo el agua para atraer a su pareja y proteger los huevos.

Cada vivienda puede aligerar su peso inyectando aire para subir a la superficie en caso de una inundación. Por otra parte, puede cargarse con agua para aumentar su peso y soportar condiciones tormentosas. Para eso dispone de dos sensores. En condiciones de marea o lluvia, uno activa un ventilado que llena de aire el globo. En mares agitados, otro activa los poros de la base y el globo se llena de agua. En condiciones estables, los globos quedan cerrados.

Debajo de cada casa se ubica un sistema mareomotriz que genera electricidad y en la parte superior hay paneles fotovoltaicos con el mismo fin. En las cercas de madera que rodean la casa se ubica un sistema que combina la cría de peces con el cultivo de plantas.


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